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Valores en el deporte: ¿Cómo transmitirlos?

Los valores en el deporte son la clave de nuestro trabajo como formadores. Si no existen en nuestro día a día, es ahora el momento de rectificar y además te digo cómo conseguirlo.

Cómo transmitir los valores en el deporte

Estamos convencidos de que el mundo del deporte puede ayudar, y mucho, a formar personas con grandes valores. Ya desde el inicio trabajamos en esta dirección y, ahora, quiero enseñarte este enfoque del deporte, tan atractivo para los padres y para los propios deportistas.

Mientras muchos se esfuerzan por cosechar logros deportivos olvidando lo fundamental, queremos seguir insistiendo en lo importante que es esta etapa formativa del niño para adquirir esos valores que le servirán para toda la vida.

“los hábitos buenos adquiridos en la juventud son los que marcan la diferencia”.

Aristóteles

Es necesario un deporte bien enfocado

valores deportivos

Donde se destaque el sacrificio, el trabajo, el espíritu de superación, la búsqueda de soluciones, la aceptación de unas reglas, el respeto, el acato de la autoridad, el adquirir el sentimiento de formar parte de un equipo (bueno para la integración) y el aprender a aceptar la derrota, el fracaso…

Hemos de tener muy claro que es falso aquello que comentan algunos padres:

”mientras que mi hijo practique deporte, estoy tranquilo porque está haciendo algo sano”.

Naturaleza ambivalente del deporte

Hemos de ser conscientes de la naturaleza ambivalente del deporte. La práctica deportiva puede ser fuente de educación, de salud, de integración…,pero puede ser también motivo de ignorancia, enfermedad, violencia, exclusión…Los valores deportivos no están implícitos en el deporte.

Desgraciadamente, la mayor parte de los niños que practican un deporte, están dirigidos por personas que no quieren saber absolutamente nada de todo esto. Tienen otros objetivos más personales y egoístas. Sin embargo, esos niños están en el mejor momento y situación para poder adquirir unos hábitos o valores a través del deporte que practica. En definitiva, están perdiendo la mejor oportunidad de su vida para aprender algo esencial en su formación integral.

Los valores del deporte se transmiten con esfuerzo y dedicación

Un proyecto de valores deportivos a través de deporte significa, por parte de las personas que intervienen, una dedicación de tiempo y de esfuerzo considerable. ¿Estamos dispuestos realmente a entregarlo? Es mucho más sencillo y práctico despreocuparse de estos aspectos que pueden a uno complicarle la vida.

Nuestros deportistas profesionales, en muchas ocasiones, no son un modelo deportivo ni profesional para los jóvenes sino todo lo contrario y eso hace mucho daño. No podemos permitir que el mal ejemplo que, además difunden los medios de comunicación, sea el espejo donde se miren nuestros jóvenes deportistas.

Existen estudios científicos que han detectado un nivel similar en valores en grupos que practican deporte con otros que no lo hacen. Por tanto, está claro que se adquieren cuando realmente uno los busca y se esfuerza por conseguirlos.

¿Es el deporte una herramienta interesante para transmitir valores?

Por supuesto que sí. Es más, diría que es un medio educativo extraordinario para la formación de nuestros hijos que en muchas ocasiones echamos a perder.

El peligro de poner la victoria como único fin

Fundamentalmente, el problema está en no darse cuenta de que el deporte tiene una finalidad como juego que es ganar. Hasta aquí estamos de acuerdo. Pero si se pone como único fin, estamos perdidos porque la competición deportiva se convierte en un campo difícil al buscar derrotar al otro como sea. Si es un medio para seguir mejorando, entonces, si se pierde, no pasa absolutamente nada porque esa derrota nos lleva a reconocer nuestros fallos y seguir mejorando. Estamos hablando ya de valores: humildad, espíritu de superación, esfuerzo, respeto…

Se necesita una metodología para trabajar los valores en el deporte

El deporte como tal, no educa en valores, todo depende de la utilización que se haga del mismo. Para que realmente se de una educación en valores, es necesario establecer una metodología precisa, con unos objetivos concretos; actividades y estrategias que los hagan operativos y unas técnicas de evaluación adecuadas que nos permitan confirmar si se ha producido una mejora en los valores y actitudes de nuestros alumnos tras nuestra intervención. Y así estamos trabajando en nuestra escuela de futbolistas.

Ya basta de declaraciones de principios superficiales y sin fundamento. Trabajemos los valores a través del deporte con la seriedad que se merece. Vale la pena intentarlo.

Cuando das, siempre recibes más

ejemplo de valores deportivos

Quiero contarte una historia para entender mejor la importancia de los valores deportivos en la formación de nuestros jugadores,

Miguel es el mejor jugador del equipo

No quiero decir que los demás no lo sean buenos pero hay que aceptar que juega muy bien y todo el mundo lo reconoce. De hecho, el Barça está interesado en ficharlo, pero con 10 años es demasiado joven y, por ahora, le están haciendo un seguimiento.

Juega en el medio del campo y no es que sea un gran pasador, quizá lo que mejor haga es recuperar balones y eso al entrenador le encanta por la importancia de tener un jugador de estas características. Además, lucha mucho, es un autentico gladiador. Para colmo, sus tiros a puerta son bastante decisivos: ha metido muchos goles en la liga.

Siempre que inicia una jugada, conduce el balón con rapidez hacia la portería contraria y regatea a uno o a dos antes de pasarla o chutar a puerta. Esa jugada es la favorita y le sale siempre bastante bien. Sin embargo, los defensas ya le conocen y, como consecuencia, en ocasiones pierde la pelota. Ahí es cuando se aprecia la calidad de Miguel porque persigue a muerte al que le ha robado la pelota hasta que se la quita y la recupera.

¿Qué le pasa a Miguel?

Pues bien, un día pude apreciar algo raro en Miguel que no había visto nunca. Tras realizar su jugada favorita, perdió el balón y, en lugar de bajar a defender como siempre hace, se quedó mirando, como si estuviera muy cansado. Lo hizo más veces durante el partido y eso me llevó a pensar que algo no funcionaba bien.

No come lo suficiente

Hablé con Miguel tras el partido. Le pregunté si el día antes del encuentro se había acostado pronto y si desayunaba bien antes del partido. Pensaba que estas eran las causas de su falta de energía. Miguel me respondió con toda sinceridad que sus padres se acostaban tarde y que se quedaba con ellos. Referente al desayuno me aclaró, con mucha timidez, que ellos comía lo que podían y que nunca desayunaba.

Hay que aclarar que Miguel venía de una familia muy sencilla y que sus padres no tenían trabajo fijo. Se las arreglaban con pequeños encargos. Eso provocaba que muchas veces no tenían qué comer.

Estaba claro, aquel era el problema de MIguel. No era un problema personal sino de otro tipo y había que arreglarlo de alguna forma.

Pero si tú no descansas y no comes bien porque no te da la gana, puede ser una falta de compañerismo con tu equipo porque no podrás dar al grupo lo que necesita. El fútbol nos enseña que tenemos siempre una responsabilidad con el equipo y no podemos fallarles con actitudes egoístas.

¿Eres de los que no te apetece comer nada antes del partido? No creo que esto sea bueno para tu rendimiento en el campo y es una falta grave con tus compañeros que intentan adquirir las energías necesarias para darlo todo en el encuentro.

Buscando la solución del problema

Hablé con los padres de Miguel y les pedí por favor que cuidaran estos dos aspectos porque estaba rindiendo poco por culpa de la falta de descanso y nutrición. Los padres se comprometieron a mejorar esta situación y agradecieron el interés por Miguel.

Pasaron los meses y lo de Miguel había mejorado, pero él no acababa de ser el de siempre. Podía apreciarlo pero desconocía la causa y realmente me preocupaba. 

Un partido importante

Por fin nos tocó jugar contra el equipo más fuerte de la liga. Nuestra temporada había sido muy buena y, si ganábamos al líder, nos colocábamos primeros. Era un partido importante para todos y necesitábamos que Miguel estuviera al máximo si queríamos un buen resultado.

Los jugadores de ambos equipos salieron al campo muy nerviosos porque sabían lo que se jugaban: toda la temporada en un solo partido. Cuando vi salir a Miguel al campo para calentar, me di cuenta de que aquello no iba a funcionar. Solía hacer unos ejercicios muy intensos y además contagiaba a sus compañeros siempre, pero hoy estaba como dormido, sin fuerzas, sin energía.

–Ánimo Miguel, ––le grité desde la banda para darle apoyo.

Una situación alarmante

Miguel me miró e intentó sonreír pero no pudo. Algo pasaba, aquello no era normal. Hablé con el entrenador y le comenté que quizá no era el mejor momento para poner en el equipo inicial a Miguel: no lo veía preparado. Pero el entrenador no me hizo mucho caso porque no podía imaginarse jugar este partido sin estar Miguel en el equipo. 

Miguel se esforzaba mucho, estaba desfigurado y sudando bastante. Sin embargo, perdía un balón tras otro, no llegaba a robar como antes y tampoco tenía fuerzas para bajar a defender y, si lo hacía, ya no volvía, se quedaba jadeante en la defensa. Terminó el partido como pudo. No pudimos ganar porque jugábamos con uno menos ya que Miguel no pudo hacer nada.

Los padres me confirmaron que estaba comiendo bien y durmiendo las horas previstas con lo que me alarmé bastante y les pedí que lo llevaran al médico para que le hicieran una revisión. Quizá no era nada pero había que asegurarse. 

Miguel tiene cáncer

Efectivamente, los padres le llevaron inmediatamente y, cuando terminó la visita, el médico se quedó algo preocupado y le hizo un análisis de sangre para poder tener más información más completa de lo que realmente le pasaba. Los resultados de las pruebas despejaron las dudas y reunió a los padres para informarles:

––Vuestro hijo tiene un cáncer y hemos de empezar el tratamiento cuanto antes porque, por suerte, hemos llegado a tiempo para intentar eliminarlo.

Miguel, que estaba en la reunión con sus padres, se quedó pensativo, con los ojos mirando al infinito. Al cabo de un tiempo de silencio absoluto, preguntó al médico:

Pero, ¿podré seguir jugando?

––Mira Miguel, ––respondió el médico poniéndose muy serio, ––tienes una enfermedad muy grave y puedes morirte si no te curamos bien. No vas a poder entrenar ni jugar al fútbol hasta que no te recuperes y esto es algo largo. Como mínimo un año.

––¿Pero luego podré jugar al fútbol? ––interrumpe Miguel que estaba con los ojos llorosos porque empezaba a darse cuenta de lo que realmente le estaba pasando.

––Te va a costar un poco––responde el médico esbozando una pequeña sonrisa, ––pero si te esfuerzas mucho creo que podrás conseguirlo, siempre que el tratamiento vaya bien. Ten en cuenta que ahora vas a ingresar en el hospital y permanecerás aquí hasta que veamos tu evolución. Te vamos a dar una serie de medicinas que van muy bien pero que te hará sentirte mal y muy débil. 

––¿Pero podré jugar al fútbol, no? ––Insiste Miguel. 

Visita al hospital de todo el equipo

Cuando los chicos del equipo se enteraron de lo que tenía MIguel, decidieron ir a visitarlo inmediatamente al hospital para darle su apoyo ya que era uno de los jugadores más queridos del equipo, por su espíritu de lucha, por su buen humor, por su energía y porque además jugaba muy bien al fútbol. Cuando hay valores deportivos, el ambiente del equipo siempre es mejor

Miguel agradeció mucho la visita y se dio cuenta de que había mucho compañerismo entre los que formaban el equipo. Se sintió muy feliz con la  cercanía de sus amigos. Estuvieron toda la tarde y no dejaron de hacer bromas durante todo el rato para que lo pasara lo mejor posible. Sabían que muy pronto iba a  empezar el tratamiento, muy duro y doloroso, y que iba a  quedar muy debilitado.

Un torneo internacional

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Pero… un día, el entrenador llegó al vestuario muy emocionado y les comentó a los chicos que el equipo se iba Alemania para jugar un torneo muy importante. Les hizo mucha ilusión porque iban a jugar contra equipos grandes como Bayern de Múnich, Ajax, Manchester City, Juventus… Estaban alucinados y, por otro lado, pensaban que sin Miguel iba a ser más complicado poder hacer un buen papel en este torneo. Pero ya solo pensar en jugar contra estos equipos tan famosos, llenaba de emoción.

Dedicar la copa a Miguel

Cuando llegaron al hotel, el viernes antes del inicio de la competición, el entrenador tuvo una gran idea que iba a demostrar lo mucho que apreciamos a MIguel: 

––¿y si dedicamos la copa a Miguel? Lucharemos a muerte para ganarla. Le hará mucha ilusión saber que nos hemos acordado de él en Alemania.

El entrenador aprovecha cualquier circunstancia para transmitir valores en el deporte. Ciertamente el objetivo les ilusionó y les dio muchas más fuerzas: querían ganar el torneo para ofrecerle la victoria a su amigo que lo estaba pasando fatal en el hospital. En cada partido, salían al campo,, con tanta energía que se comían literalmente al equipo contrario. No importaba de qué equipo se tratara, no les daba miedo nada porque deseaban la victoria con toda el alma.

La final fue contra el Manchester City

Terminamos uno a uno con lo que nos lo tuvimos que jugar a los penaltis. Los tres jugadores que lanzaron la pena máxima consiguieron perforar la portería contraria. Y cuando a nuestro portero le tocaba parar el penalti definitivo, el entrenador le recordó que pensara en Miguel. Eso le hizo ponerse al límite para intentar atajar la pelota y así fue. 

Mientras el balón se colaba por la escuadra, una mano vigorosa de nuestro portero apareció de repente, sin saber cómo llegó hasta allí y desvío la pelota fuera de la portería. ¡No podíamos creerlo! Tras el gran esfuerzo de toda la semana para ir superando uno a uno todos los partidos, ahora nos sentíamos inmensamente felices:

¡Éramos los campeones!

En la entrega de premios que hubo a continuación, nos hicimos una foto con la copa e inmediatamente la mandamos a Miguel para explicarle que esa victoria era suya. Su madre, que fue la que recibió la foto, inmediatamente se la enseñó a Miguel. Pegó un salto desde la cama, a pesar de estar bastante débil, celebrándolo como si fuera él mismo quien recibía el trofeo  en Alemania. 

Le hizo mucha ilusión que sus compañeros de equipo se hubieran acordado de él y se le veía feliz. Su madre no le había visto nunca sonreír desde que ingresaron en el hospital. Era la primera vez. Luego abrazó a su madre llorando de alegría. Valores en el deporte dentro y fuera del campo.

El equipo ya había cumplido con su objetivo. Estaban orgullosos de la gran proeza conseguida y más todavía de haberle dedicado la victoria a Miguel porque eran conscientes de lo mal que lo estaba pasando con el tratamiento para curarle el cáncer. 

Un nuevo detalle de amistad

Pero cuando estaban subiendo al avión para volver a Barcelona, a uno del equipo se le ocurrió otra gran idea:

––¿Por qué no le compramos un regalo a Miguel? Todos hemos comprado recuerdos en Alemania y seguro que él está aburrido en el hospital. ¿Y si le compramos entre todos una tablet para que no se aburra y le puedan mandar los deberes del colegio y hablar con sus amigos? 

Les pareció a todos una buena idea y reunieron dinero. Pero se dieron cuenta que no era suficiente. Algunos empezaron a pensar en abandonar la idea. Era complicado conseguir más dinero.

¿Cuántas veces en tu equipo de fútbol te propones un objetivo y a los dos días ya lo has abandonado porque eres incapaz de pensar en lo importante que es ayudar a los demás?

Prohibido rendirse ante las dificultades

Algunos del equipo no estaban dispuestos a rendirse por este pequeño aunque importante detalle: no llegaban a reunir la cantidad de dinero necesario para comprarle el regalo. Dicen que cuando aprecias a un apersona, todos los obstáculos se superan. No iban a rendirse tan fácilmente. Entonces, propusieron un plan arriesgado pero posible. Los valores del deporte te ayudan a crecer.

–– ¿Y si les explicamos quién es Miguel a los pasajeros del avión y el regalo muy especial que queremos hacerle? 

No estaban dispuestos a colaborar porque les daba vergüenza hablar con la gente del avión ya que no los conocían de nada. Los demás se lanzaron inmediatamente pensando en lo feliz que sería Miguel si lo conseguían. El ejemplo de valores en el deporte de unos pocos siempre arrastra al resto.

¿Tú eres de los que no se atreve a realizar algo simplemente porque es muy difícil? ¿Eres de los que cuando te encuentras un obstáculo grande te retiras porque no te ves capaz de saltarlo o porque te puedes caer al intentar superarlo? No pongas trabas porque creo que tu amigo se lo merece más que todas las excusas que presentas y, si no piensas así es porque no sabes qué es el verdadero compañerismo: ayudar a los demás sin pensar en uno mismo.

Recolecta en el avión

Iban, fila por fila, explicando en español y en un inglés bastante limitado lo que pretendían. Los pasajeros respondieron todos muy bien y se interesaban por Miguel, incluso alguno quería conocerlo en Barcelona. El plan había sido un éxito y reunieron más dinero del que necesitaban para la tableta. Todos los pasajeros habían querido aportar alguna cosa.

Que sepas que una verdadera amistad es capaz de romper todas las barreras que se presenten porque es más fuerte que todas ellas. Por eso, consiguieron ganar un campeonato muy difícil, por eso no se rindieron ante el problema de la tablet. La fuerza de esa amistad es capaz de todo. Es cuestión de querer a la gente que te rodea. Verás cómo cambia todo.

Le compran un gran regalo

Llegando a Barcelona, compraron una buena tableta y con el dinero que sobró, algunas chuches,. Inmediatamente llamaron a la madre de Miguel para decirle que el sábado iba a ir a visitarlo todo el equipo y a entregarle la copa que habían ganado. 

Pero cuando la madre se lo comunicó, Miguel se puso muy violento y, gritando, le dijo que no quería que viniera nadie a visitarlo. 

Fue un duro golpe para el equipo

No esperaban esto. Una nueva dificultad para estos compañeros de Miguel. ¿Qué estaba pasando? Tanto esfuerzo por tenerle feliz durante su enfermedad ¿y les responde así? No podían ni imaginarse una respuesta como esta,  siendo tan amigos. 

Las dificultades que te vas encontrando a lo largo del camino son simplemente pruebas para apreciar si ese compañerismo es verdadero o es superficial. Si es verdadero tu respuesta debe ser la de no rendirte, aunque parecía como si Miguel no quisiera saber nada de ellos. Si esa amistad es superficial, ante la primera dificultad dejarían de luchar.
Cuántas veces has intentado demostrar tu compañerismo con el equipo y te has rendido cuando ha aparecido la primera contrariedad, pensando que, si es para eso, no vale la pena ni intentarlo. ¿Crees que es fácil ser un buen compañero? Ya te adelanto que no lo es. 

Imagínate que te has propuesto felicitar a tu portero cada vez que hace una buena parada para darle ánimos y que tenga más confianza en sí mismo. 

Imagínate que lo intentas la primera vez y el portero te responde con un “déjame en paz” en lugar de agradecértelo. Primero, que tu no haces eso porque te lo agradezca sino porque quieres ayudarle y eso, ciertamente le ayuda aunque no lo reconozca. Segundo, si te responde mal, posiblemente sea porque algo le pasa pero seguro que, en el fondo, él está agradecido de que tengas ese detalle. Son tantas las situaciones diarias en las que puedes aprender valores en el deporte.

No rendirse nunca

Los chicos se quedaron sorprendidos por la respuesta de Miguel porque no se lo esperaban. No entendían qué estaba pasando pero de nuevo no se rindieron. Irían a ver a Miguel como fuese. Entonces intentaron descubrir por qué no quería que fueran a verle.

Hablaron con la madre, que estaba muy preocupada por la reacción de su hijo, y les enseñó la foto que mandamos por whatsapp desde Alemania con la copa: 

––¡Estaba super contento y muy agradecido a todos vosotros por el detalle!, ––añadió la madre mientras señalaba la foto.

Uno de los del equipo tomó la foto de Miguel de las manos de la madre y observó que llevaba una gorra y estaba en pijama. Se puso a examinar la imagen con detalle.

Un descubrimiento importante

––¡Ya está! Miguel no quiere que entremos a su habitación porque ha perdido todo el pelo con el tratamiento y no quiere que le veamos así. 

––Vaya tontería, ––exclamó otro del equipo. Él sabe que le llevamos la copa de campeones y los regalos. No creo que por perder el pelo haya montado todo este lío.

––Claro que sí, ––respondió otro jugador. ¿Serías capaz de cortarte el pelo al cero y pasear solo por la calle o por el colegio? No. La gente se reiría de ti. Vas muy raro con el pelo al cero. Además no te gusta que se vea tu enfermedad con tanta claridad. 

––Es cierto, da mucho corte, ––observó el portero. ––Yo no lo haría. Ahora ya sabemos lo que ha pasado. ¿Qué podemos hacer para resolverlo? Hemos de conseguir que Miguel nos deje pasar. No podemos abandonar ahora que lo hemos conseguido todo. 

Hay excusas suficientes para irse a casa

Y decirle a Miguel que le aguante su tía. Sin embargo, el aprecio de estos jugadores es verdadero y no permiten que ningún obstáculo les prive de su amistad. Son capaces de hacer cualquier cosa por Miguel. Son los valores del deporte que han aprendido en su club.

Tú también tienes motivos para mandarle a la porra a ese portero impertinente que no te agradece tu detalle. Pero piénsalo antes de enfadarte o de abandonar. Quizá esté pasando un mal momento y por eso ha respondido así. No debes culparlo, solo intentar comprenderlo. Seguro que el portero ha valorado tu esfuerzo pero su respuesta es otra por otro motivo: quizá está muy dolido porque ese gol afecta a sus compañeros. Puede ser que le hayas cogido en un mal momento y él tiene reacciones violentas. Pero cuando se calma es otro. Posiblemente su padre le está apretando mucho y él está un poco desesperado porque no lo quiere decepcionar. En fin, son muchas las posibilidades que pueden surgir, pero no te rindas. Sigue intentándolo aunque no encuentres respuestas correctas. No lo haces porque te responda bien si no por ayudarle. Sabes que esto le ayuda. Y ya está.

Una idea brillante

empatía valor

Los amigos de Miguel estaban dándole vueltas a cómo solucionar este problema y, por fin, uno dio en el clavo:

––Ya está, ––exclamó dando un fuerte grito. ––El sábado vamos a verle pero hemos de cortarnos el pelo al cero, como él. Estoy seguro que esto le llenará de agradecimiento porque lo que realmente le molesta es haber perdido el pelo, nada más. Por eso no quiere que entremos.

Hubo un largo silencio en el vestuario. Todos habían imaginado lo que eso significaba. Perder el pelo, algo que cuidamos tanto y que nos da nuestra personalidad. Sería como perder algo de uno mismo. Pero, por otro lado, si eso es lo que nos permite ver a Miguel, pues vale la pena. Por Miguel estaban dispuestos a todo.

Mi pelo es sagrado

Todos no, hubo algunos del equipo que dijeron basta: el torneo por Miguel, el dinero recolectado por Miguel, pero mi pelo es sagrado. No lo corto por nada del mundo, pensaban. Hubo discusiones y lo dejaron en que cada uno hiciera lo que quisiera. Además, había que preguntarlo a los padres.

Si esto era el lunes, el miércoles se presentaron al entrenamiento en el club de nuevo. Todos, excepto dos, se habían cortado el pelo al cero. Estaban felices de poder hacer eso por Miguel y esa decisión arrastró a los dos que quedaban de tal forma que todos se presentaron el sábado en el hospital rapados y listos para ver a Miguel y entregarle los regalos.

Subieron a la planta 4 donde estaba ingresado

Encontraron a su madre en la puerta que se emocionó cuando les vio a todos sin pelo y los abrazó sin poder esconder unas lágrimas que caían por sus mejillas. Les comentó que a Miguel le había hecho mucha ilusión todos aquellos detalles y valoraba ese gran compañerismo que habían mostrado. Se daba cuenta que mucha gente  quería a su hijo de verdad. Y él lo necesitaba de forma especial en esos momentos. Notaba su apoyo aunque normalmente estuvieran muy lejos de esa habitación.

––¡¡¡Miguel!! Tus amigos del equipo han llegado y te quieren saludar. ––grita la madre porque la puerta de la habitación está abierta y sabe que Miguel está escuchando. –Traen una sorpresa para ti.

––No mamá, ¡¡¡que no pasen!!!! No quiero verles.

Su madre, que sabía perfectamente que Miguel iba a gustarle lo que iba a ver, permitió que pasara todo el equipo a la habitación aunque Miguel no quería. Cuando entraron y Miguel los vio a todos con la cabeza rapada, se emocionó y se puso a llorar mientras abrazaba a sus compañeros uno a uno. Se había quitado la gorra y había empezado a reírse a carcajada limpia. Se reía del aspecto de cada uno de los amigos del equipo. Y ellos se metían también con él. 

Le entregaron la copa de campeones

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La tomó entre sus manos muy emocionado y la levantó como si la hubiera ganado él en ese mismo momento. Todos se hicieron una foto juntos, con la copa en medio. Luego le entregaron la tablet para que pudiera entretenerse y se volvió a emocionar. Le explicaron cómo habían conseguido el dinero para poderla comprar. No podía creérselo. Poco a poco, se terminaron las chuches que le habían comprado. No quedó nada y ya era hora de irse a casa porque al día siguiente tenían partido. 

En la despedida, Miguel les dijo:

“Lo que más me ha hecho feliz no es la tableta ni las chuches, ni la visita. Lo mejor es ver que sois mis amigos, capaces de entender lo que me está pasando y hayáis venido con el pelo rapado. Eso para mí ha sido lo más bonito que me ha sucedido hasta ahora. Nunca lo olvidaré. Es una demostración de que realmente me queréis de verdad y no por quedar bien o porque estoy pasando un mal momento”. 

Cuando los jugadores del equipo abandonaron la habitación de Miguel, salían felices por haber hecho algo que había costado tanto, pero que valía la pena porque era por un amigo, un compañero. Estos son los valores del deporte que buscamos.

La verdad es que cuando das, siempre recibes más. Lo habían comprobado todos. Incluso Miguel.

Los valores del deporte se transmiten dentro y fuera del campo

Esta historia es completamente real. Miguel volvió a jugar al fútbol aunque nunca fue el de antes. Hace poco me lo encontré paseando por la calle y nos dimos un fuerte abrazo. Ahora es un chico de 19 años que todavía recuerda todo aquello como una gran lección que aprendió a través del fútbol. El fútbol, bien enfocado es capaz de transmitirnos grandes valores del deporte.

Tres libros sobre valores en el deporte

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